Marty Supreme: entre el sueño americano y el mito de Sísifo

Por Sebastian Mateo

La película de Josh Safdie trabaja sobre la pasión, los anhelos de la gente de a pie en una sociedad voraz y los destinos manifiestos. Más que una película sobre un antihéroe maldito, es una mirada sobre el destino de la humanidad

sisifo (1)
chalamet marty supreme apertura
b3 dm225 iraq j 20190320100741
gettyimages 2175191120

Si hubo una película pirotécnica en la última temporada de premios fue Marty Supreme. Casi como si la «vida real» no fuera otra cosa más que un reflejo de las lógicas de la ficción (o viceversa), Timothée Chalamet se paseó por distintos medios, plataformas y auditorios ejecutando pases propagandísticos que bien podrían haber sido los de su personaje, Marty, ese perdedor crónico sin miedo al éxito y dispuesto a cualquier cosa para alcanzar su destino manifiesto: el ascenso al estrellato. Esta invitación al cliché no alcanza para opacar un film que retrata como pocos el espíritu de los tiempos.

En esencia, se trata de una película sobre la pasión, pero bien entendida, es decir, en su complejidad destructiva. Al ser humano lo consume la pasión, nos deshacemos en ella. Un verdadero borracho, uno que lo haga con pasión, con amor por la autodestrucción que conlleva, prendería fuego a su madre por un etiqueta negra, pero fundamentalmente se prendería fuego a sí mismo. Marty es un apasionado. No hay nadie a quien no esté dispuesto a manipular o destruir para llegar a Japón, y eso lo incluye a él mismo: literalmente es capaz de entregar el culo para llegar a destino. No obstante, también es una película sobre el sueño americano, pero más que eso, sobre América. Marty tiene un propósito, un sueño, pero no es un deseo, es —como dijimos— un destino manifiesto. No le trae felicidad, es más bien una carga. Igual que los Estados Unidos se proyectan como los únicos posibles garantes de la paz y la libertad, Marty es el único posible embajador estrella de su deporte. Ambos están dispuestos a todo, no por deseo de cumplir su destino, sino casi por obligación, por «mandato divino». En ese viaje hacia su destino, tanto el «gran país del norte» como Marty se llevan el mundo puesto; la realización de cualquier mandato divino siempre es una invitación a la indescencia, pues no podría ser de otra manera. Los griegos ya lo habían anticipado cuando retrataron a sus dioses como seres ególatras, maniáticos, caprichosos y totalitarios.

En cuanto al desarrollo de la película, hay una transformación en el protagonista. Asistimos a un pasaje que va del sueño americano al mito de Sísifo. Como un burro que persigue una zanahoria atada a un palo sobre su espalda, Marty persigue los medios para alcanzar su destino manifiesto, pero se le esfuman cuando los tiene más cerca, del mismo modo que a Sísifo el universo entero se le viene encima cada vez que alcanza la cúspide de la montaña. Alguna vez, Albert Camus dijo que había que imaginar a Sísifo feliz. Subir una piedra ad infinitum solo para verla caer luego es algo tan absurdo como cualquier otro propósito vital. La vida para Camus es lo que hagamos de ella. En definitiva, hay que abrazar el absurdo y crear nuestro propio sentido. En este orden de ideas, hay un momento de aceptación a la manera de Camus para Marty, una epifanía que lo atravieza como un rayo y que culmina con el último partido de exhibición ante Endo. Así como para Sísifo cada subida es la última, para Marty este partido insignificante es la final del mundo, y la percepción es realidad. En última instancia, uno siempre compite contra sí mismo. 

El final de Marty Supreme es un ejercicio de misericordia del director para con un personaje maldito. A la vez, deja abierta una posibilidad de redención para una humanidad que, en esta etapa histórica, debe lidiar con un concierto de naciones desquiciadas que, como Marty, están a la caza de su destino manifiesto. ¿Tendrá la humanidad su momento de salvación? ¿Llegará la epifanía que haga que la megalomanía de quienes persiguen un mandato divino cese? ¿Se conformarán los dueños del mundo con subir la piedra todos los días en lugar de dinamitar la montaña? El final de Marty está escrito, pero para nosotros, los mortales, la moneda aún está en el aire.

 

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *