Arturo a los 30:
Cuidado – Adultos Madurando

Por Sebastian Mateo

La tragicomedia dirigida por Martín Shanly le pone imágenes a un arquetipo de la adultez contemporánea marcado por la incomodidad con el cuerpo, los ritmos y también mandatos sociales de una etapa vital

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Esta es una crítica en paralelo, a dos voces. Habla tanto de Arturo a los 30 como de los Rugrats, la genial serie de dibujos animados sobre el universo visto desde los ojos de un bebé. En el capítulo Lo que hacen los grandes, Tommy Pickles, el protagonista, se imagina cómo sería ser como sus padres. En una secuencia onírica, vemos a Tommy y sus amigos con cuerpo y ropa de adultos, pero con cabezas de bebé y pañales. Al final, tras darse cuenta de las complicaciones de la vida de los grandes, concluyen que es mejor seguir siendo bebés.

En Arturo a los 30 hay un montón de adultos. Algunos tienen treinta y tantos y otros son más bien cincuentones. Los de treinta y tantos son como los Rugrats: grandes, pero con pañales y cabezas de infantes. Hacen cosas de Tommy Pickles: comen spaghetti frío con las manos, no contienen sus impulsos primales y avanzan por el mundo a tientas, gateando y, de a ratos, llevándose puesto todo por su falta de motricidad fina. En el capítulo de la serie de Nickelodeon, Carlitos le dice a Tommy: Ser grandes es horrible, no quiero crecer jamás. A lo que Tommy responde: Vamos, Carlitos, ser grandes no es solo trabajar, también puedes comprar una casa, tener bebés y tal vez algún día casarte

Tommy tiene razón, pero hay un problema. En Arturo a los 30 los personajes viven en la Argentina de la segunda mitad de los 10 del nuevo milenio, y no en los Estados Unidos de los tardíos 90. Pequeña enorme diferencia. Acá Arturo no tiene acceso a una vivienda propia y el mercado de trabajo se compone de precarios (o flexibles, en jerga neoliberal) trabajos de oficina mal pagos o, en su defecto, empleos golondrina (o freelances, en jerga neoliberal). También está en crisis el otrora sólido edificio afectivo conocido como amor romántico. Ya no hay suelo firme que pisar. Al menos, eso dijo el sociólogo polaco Zygmunt Bauman cuando afirmó que, en la posmodernidad, las relaciones son fugaces, superficiales, etéreas y con menor compromiso (por las dudas, no googleen, lo estoy citando de memoria). 

En la Argentina posmoderna y citadina, a los grandes todo les queda, valga la redundancia, grande. El mandato social de ser personas serias, funcionales, maduras, no les cuaja. A Arturo lo lleva su madre a que se compre un traje para asistir a una boda, la de su mejor amiga (¿ex mejor amiga?). Sale de ahí vestido como un monigote; no es el traje lo que está mal, es que simplemente no encaja con su ser. Los hombros se ven ridículos, el calce es incómodo. Es un ropaje tan obviamente fuera de su esencia que ni siquiera lo puede pagar; de eso se encarga mamá.

La comunicación es un problema también. Parecería que Arturo tiene ideas de adulto, pero el campo semántico para expresarlas de un casi neonato. La película de Martín Shanly no se preocupa por indagar demasiado profundo en las causas de este peculiar fenómeno, sino en ir dejando algunas pistas con una cronología difusa: flashbacks, como quien diría. El pasado de arturo es un mosaico confuso de momentos en los que las cosas, de a poco, se fueron resquebrajando. Es difícil dilucidar por qué exactamente; nosotros, los espectadores, tampoco tenemos las mejores herramientas para explicar por qué pasa lo que pasa con estos adultos en nuestra sociedad. Es más, quizá seamos uno de ellos, lo sepamos o no.

Así las cosas, al bueno de Arturo no le queda más que apañárselas como puede con su cuerpo de adulto y su cabeza de bebé, en un mundo hostil en el que los incentivos de la madurez no están, pero los peligros y las complicaciones permanecen. Por momentos, algo de la infancia aflora y nuestro héroe se lleva cualquier cosa a la boca, como lo haría un niño. Por otros, la parte adulta prevalece e irrumpe un orden, un atisbo de estructura y un camino a seguir. La transición de una etapa a otra es más larga y tediosa en el contexto en el que le tocó crecer a Arturo, pero igual se las va arreglando y está pudiendo bastante bien. Como todos…

 

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