Trenque Lauquen: ¿queremos conocer el final de la historia?

Por Sebastian Mateo

La película de Laura Citarella nos invita a una aventura fascinante, en línea con las propuestas de todas (o casi) las películas de El Pampero. Sin embargo, abre un interrogante: ¿queremos llegar al fondo de este entuerto?

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usted no me lo va a creer y otros cuentos
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En el 2003, Roberto Fontanarrosa, alias el Negro, publicó Usted no me lo va a creer, apenas cuatro años antes de su muerte. La antología tiene varios puntos memorables, pero ninguno como Palabras iniciales, un intenso alegato sobre la necesidad de escribir con el mismo espíritu que quien escribe «puto el que lee», con un cortaplumas, en la puerta de un baño público de una estación de servicio. Allí, Fontanarrosa plantea lo siguiente:

John Irving es una mentira, pero al menos no juega a ser repugnante como Bukowski ni atildadamente pederasta como James Baldwin. Y dice algo interesante uno de sus personajes por ahí, creo que en El mundo según Garp: «Por una sola cosa un lector continúa leyendo. Porque quiere saber cómo termina la historia». Buena, John, me gusta eso. Te están contando algo, querido lector, de eso se trata. Tu amigo Chiquito te está contando, por ejemplo en el club, cómo al imbécil de Ernesto le rompieron el culo a patadas cuando se puso pesado con la mujer de Rodríguez. Vos te tenés que ir, porque tenés que trabajar, porque dejaste la comida en el horno, o el auto mal estacionado, o porque tu propia mujer te va a armar un quilombo de órdago si de nuevo llegás tarde como la vez pasada. Pero te quedás, carajo. Te quedás porque si hay algo que tiene de bueno el sorete de Chiquito es que cuenta bien, cuenta como los dioses. 

A Fontanarrosa le pasa con los cuentos de Chiquito lo mismo que a Laura, la protagonista de Trenque Lauquen, le pasa con los misterios. Es una junkie del misterio, una devoradora de incógnitas, una jugadora empedernida que siempre pide otra más en el Black Jack de las aventuras pueblerinas. A Laura se le va la vida en los misterios, es capaz de dejarlo todo. No importan el amor, los estudios, la casa ni el trabajo; todo pasa a segundo plano cuando aparece la punta de un ovillo del cual tirar. En Trenque Lauquen, Laura es seducida por una historia sin final, la del romance de una profesora de escuela con un ignoto italiano. Lo que importa acá es que la historia la atrapa y ella está dispuesta a dejarlo todo por seguirla. Tal es el compromiso de Laura con esta historia que desaparece en ella. Literalmente desaparece, es decir, el film de Citarella arranca con un misterio dentro de otro: por un lado, la desaparición de Laura; y por el otro, el affaire de la maestra de escuela.

En el universo de Laura, el compromiso con el misterio es innegociable, a todo o nada. Y allí va ella, a tientas, detrás de cada enigma, como un burro que persigue una zanahoria atada a un palo. Trenque Lauquen es una matrioshka, un loop infinito de loops infinitos: misterios, perspectivas, géneros narrativos, puntos de vista. Los aspectos técnicos formales del film acompañan esta idea: los fundidos encadenados que enlazan una escena con otra son como las capas de una cebolla. Nada tiene en Trenque Lauquen solución de continuidad, tanto los personajes como los espectadores siguen buscando, indagando, rumiando cada misterio, escudriñando cada pista, cada línea investigativa, cada pedacito de incertidumbre. Así empieza y así ¿termina? la película: sin certezas, a la pesca de más, en un estado de movimiento perpetuo hacia el siguiente punto de vista que nos aclare un poquito lo que viene. 

La falta de solución de continuidad es algo propio de la historia de Laura, pero si abrimos el plano podemos encontrar que, en el fondo, es algo propio de todas las historias. Citarella nos invita a pensar en el mecanismo mismo de los enigmas, de los cuentos, de la narración. Según Wikipedia, el móvil perpetuo (en latín: perpetuum mobile) es una máquina hipotética que sería capaz de continuar funcionando eternamente, después de un impulso inicial, sin necesidad de energía externa adicional. Su existencia violaría teóricamente el segundo principio de la termodinámica, por lo que se considera un objeto imposible. Por supuesto, esto solo tiene sentido cuando se habla de física. En el universo de Trenque Lauquen (que no es muy distinto del nuestro), el móvil perpetuo es la aventura y el enigma, o mejor dicho, el enigma de la aventura. Solo se necesita un empujón inicial para dar marcha a una máquina de funcionamiento perenne. Por eso la búsqueda implacable de Laura nunca acaba, por eso cuando pensamos que el filme termina se abre, una vez más, una nueva perspectiva, un nuevo ángulo desde donde mirarlo todo, otra nueva posibilidad, un nuevo viaje que emprender, alguien más a quien interrogar en busca de pistas.

A fin de cuentas, todos somos tan junkies como Laura: solo estamos buscando a alguien que nos dé, cual dealer de narcomenudeo, otro cachito de información, otro datito para sumar a la pila de info que nos sirve para cartografiar y radiografiar el tema, cualquier tema, no importa si es el misterio de una criatura sobrenatural o el idilio de dos amantes que no pudieron ser. Si bien superficialmente todos coincidimos con Fontanarrosa en que nos quedamos mirando y escuchando porque queremos saber cómo termina la historia, en el fondo sabemos que el destino no importa, que no esperamos ni deseamos que la historia termine, porque lo que cuenta es el viaje.

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